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Libros

Yo tuve muchos libros. Hace tiempo ya de eso. Ya ni siquiera recuerdo cuántos eran ni de si eran buenos. Yo creo que sí, si no no los hubiera tenido. Tenía de todo. Historias reales, historias ficticias. Historias tristes e historias alegres. Historias de hombres y de bestias, de magia y de tragedia. Hasta de ciencia y de poesía. Y si no mal recuerdo, hasta tenía algunos de literatura erótica y de fotos de mujeres desnudas. Maravillosos los libros que te arrancan de tu silla y te llevan a otros mundos. Te absorben de tu sillón y te llevan a llorar con otros y por otros. Te asustan en las noches, te convierten en heroe y villano, en guerrero y en cobarde. Provocan sensaciones en tu cuerpo que quizá nunca experimentarás en la vida real. Son tus aliadas y tus acusadoras. Pueden hacerte ver tus propias debilidades y deseos, tus perversiones y aspiraciones. Son denuncias públicas de tus secretos en palabras escritas por una persona que nunca conociste ni conocerás, pero que te conoce mejor de lo que tú te conoces. Yo tuve muchos libros. Ahora no tengo nada. Ahora estoy desnudo, despojado, condenado. Ahora soy menos hombre porque ya no puedo leerlos. Ahora una parte de mí ha muerto, una parte del mundo no existe. Ahora sólo tengo recuerdos. Ahora sólo puedo tocarlos, abrirlos, olerlos y cerrarlos. Ahora sólo tengo recuerdos. Ahora estoy ciego y ya no tengo libros, sólo hojas secas manchadas de tinta incomprensible.